Epifanía


Quizás la improbable coincidencia de la lluvia, un mar angustiado y cierto grado de soledad en un día de agosto sea suficiente para justificar una epifanía, o -probablemente- las epifanías no existan y solo las queramos imaginar para dar una cierta importancia a la nada de nuestras vidas, al hastío que es todos los hastíos. 
De como de una epifanía que tiene que ver con lo imposible y la derrota, la mente te puede llevar a Cioran, no hace falta dar cuenta. Además, a Cioran (como a Clarice o Borges) siempre se vuelve si eres Nuncio. 
Horacio despreciaba a Cioran. Él pensaba que el pesimismo no es algo de lo que se deba hacer bandera ni ostentación; que la tristeza es personal y no debe compartirse. 
Con todo, hojeo los cuadernos de Cioran, todavía animado por la casualidad que hoy me ha llevado a él y, abriendo una página al azar, doy con estas lineas que serían de Horacio si no fueran de Cioran y de infinitos hombres antes que él:

“Por suerte o por desgracia, siempre me ha atraído más lo posible que la realidad y nada es más extraño a mi caracter que la realización. He profundizado hasta el menor detalle todo lo que nunca habré hecho. He ido hasta el fondo de lo virtual.”

Aún a sabiendas que Horacio se molestaría por este pensamiento (él siempre defendió el sentido artístico de su escritura), yo, separado de su compañía por tantos años, estoy cada vez menos convencido de su genio y más cerca de ver en él a un hombre que jamás dejó de temer, que jamás fue capaz de vivir. 
Cioran vuelve a escupirme otro pensamiento de Horacio. Es como si hoy fuera él y yo no estuviera leyendo más sus cuadernos, sino que estuviera conversando con mi maestro en su sala de lectura. 

“Todas las imposibilidades se resumen en una: la de amar. La de salir de la tristeza propia”

Bien pensado, Cioran no es Horacio. Cioran es todos los hombres.  

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Sin que sepas de mí

siempre se vuelve al poeta…

http://youtu.be/_WBk3k4r-z4

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Utilidad


“Al percibir la sutil utilidad de lo inútil, penetró en la esfera del arte” 

(Kakuzo Okakura – El libro del té)

Hat tip: @valeriasidanez

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Algo que, inmaculado…

https://youtu.be/qc00x6pnEHw

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Solo los árboles…

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«Sí, pensó dejando el pincel, extraordinariamente fatigada, ésta ha sido mi visión.»

Al faro. Virginia Woolf

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La lluvia de Horacio

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Es desde la muerte de Horacio que ando buscando el silencio. Es como si él hubiera decidido llevárselo allá donde esté ahora porque siempre hubiera sido suyo o, tal vez, porque el propio Horacio hubiese sido el mismo silencio: acogedor, cálido, sosegado y lleno de significados y palabras ausentes. 
Recuerdo largas tardes en su casa sin intercambiar una sola palabra, especialmente los días lluviosos. Esos días, Horacio se sentaba frente a la ventana a observar llover durante horas y horas. Yo, mientras tanto, leía tumbado en su sofá hasta la hora de marcharme. Siempre creí ver tristeza en su gesto. 
 
Una tarde, pareció adivinar mi curiosidad y se interrumpió para hablar. 
 
“Hace muchos años, Nuncio, me enamoré de la lluvia. Sus caricias me llenaban de alegría. Los días grises eran maravillosos porque prometían su visita y los soleados, también, porque sin sol no habría luego lluvia. Me atreví durante un tiempo incluso a creer que llovía para mí. 
 
“Más tarde entendí que algo tan maravilloso como la lluvia es un milagro inexplicable, que no puede suceder para nadie. Y de ser así, no sería para mí. Yo no merecía la lluvia. Y la lluvia merecía más que el amor de un alma mediocre como la mía. 
 
“Pero jamás he dejado de amarla. Y puedo pasarme horas y vidas mirándola, perdido en su mirada compasiva de lluvia, en sus manos perfectas y cálidas de lluvia, en sus besos largos y cortos, secos y húmedos, calmos y apasionados de lluvia, mirándola, ajeno al mundo, porque sin ella no hay mundo, sin ella no hay más que desierto, sin ella no hay yo que mire, ni yo que respire, porque la lluvia es el oxígeno, la lluvia es todo.”
 
Entonces, Volvió de nuevo su atención a la ventana y jamás volvimos a mencionar el tema. 
 
Es desde la muerte de Horacio que ando buscando el silencio. Temo que la lluvia también. 
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Poema – Idea Vilariño

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz interminable
peleado y sin clemencia
alcanzara su colmo
y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

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